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viernes, 24 de abril de 2015

LA VIDA ES BELLA


He vivido y muerto varias veces, pero no hay nada más bello cuando morimos que desear la vida y nada más desdichado cuando vivimos que desear la muerte. Insensato, hipócrita y traidor el suicida, que en las noches sombrías bajo el manto de la cobardía, en perfidia desgraciada se quita la vida.

Había tenido una noche llena de risas y muecas, pero al despertar la carcajada final la da, como siempre, la suerte o llámese destino también . Había amanecido inconsciente fuera de casa en Cuenca, algo que tanto maltratado. Le llevaron al hospital y allí, el coma significó la esperanza, el cáliz que reposa en el borde del mesón; estaba a punto de derramarse…

Hacía 19 años mi padre quería que yo, aún en el vientre de mi madre, sea hombre para jugar con mi hermano mayor; vaya sorpresa la de una niña más en el montón. Recordar a la edad de 3 es difícil; pero según las fotografías aquella era la única edad en la que me abrazaba. Crecí, y ser la menor significaba obedecer los caprichos de mis hermanos mayores; él se había convertido ya en un hombre. Jamás le dije que le amaba… Me tomé en serio el papel de hermana menor, creo… 

La noticia me cayó no como vaso, sino como búnker de agua fría. Pensaba que soñar a veces se vuelve tan real, que la vida se pierde en los deseos; ¿y cómo no? Si hasta una carta le escribí. A la semana pude viajar de Guayaquil a Cuenca, y con carta en mano a visitarle fui; pero él ya estaba casi e irremediablemente lejos, le dije que le amo, tan empapada la cara y tan seca el alma; para que minutos después, se pierda el maravilloso soplo... minuto después, se me fue. A veces creo que me esperó, la vida no se trata de pensar más sí de soñar.

Jamás he contado el dolor que comprometió el alcance de mis ideas, el dolor que significó perder algo que amo, pero mi punto es intrínseco y necesario, y me atrevo a nombrarlo para que todos y cada uno de ustedes se den cuenta lo que en realidad es vivir. Éste no es un canto a mi hermano, sino un tratado a la vida. Quién no ha sufrido no la conoce, ¿Qué sería de ella sin las lágrimas que empañan las memorias y riegan nuevas historias? El mundo está loco, es verdad, pero no hay nada mejor que estar loco de atar. Vibrar, cantar, no son terapias, son estilos que el ser humano debe llevar; cruzar el umbral de lo desconocido, bailar…

Seamos como cuando niños asombrados de las luces brillantes y parpadeantes, ¿acaso rutilar es sólo de estrellas? ¡Abran todos los ojos! Miren lo que hay más allá del espejo, miren los colores saltar, capturemos los instantes en que el ave emprende vuelo aunque sea para ya no regresar; capturemos las sonrisas que no paran de gritar. La feria de máscaras envuelve y entristece, quítense los antifaces y denle la cara al mundo; ¡no! ¡No se atrevan a parpadear! No vaya a ser que ser pierdan el canto del fénix sonar; no se vayan a perder a los árboles y mares susurrar.

No olviden sonreír, altos y resplandecientes con cada amanecer, atardecer, anochecer. No dejen pasar los detalles, Si llueve saquen su sombrilla y vean las gotas de agua caer. Un concejo, recuerden la canción “Singining in the rain”.

La vida se trata de sorprender, cuando no queda nada en el vaso es necesario volver a llenarlo; la gula es un pecado capital pero empacharse de risas va más allá de la satisfacción celestial. Amen con vehemencia, cada instante es hermoso.Piensen que la muerte es un amiga. Lo Desconocido tiende a asustarnos y encogernos, pero yo prefiero cantar: “te encontrare una mañana dentro de mi habitación y prepararas la cama para dos”.

Los cuentos son reales, el príncipe azul y la damisela existen; búsquenlos y no se dejen engañar por unos cuantos con dejo de amor. Las hadas pueden no tener alas pero vuelan aún más alto; los unicornios existen pero el cuerno por viejos se les cayó hace rato. La política y los que dicen: “vive la realidad”; tienen cerebros de maquina con los circuitos fuera de lugar. Las utopías son de verdad, están en los ojos de la persona que amas; en las manos de tus amigos; en la voz de los niños; en lo que no es nuestro, pero esta aí para mostrarnos que si ellos lo tienen, nosotros también podemos.

“No piensen que estoy loca, es sólo una manera de actuar”. Cualquiera que despierte y se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco; entonces, que esperan para gritar: ¡yo estoy loco, loco de amor, loco por la vida; yo estoy loco de atar!

Mi hermano vivió la filosofía de la locura, y cuanto le agradezco por enseñármela; aunque se haya ido, ahora más que nunca sé que la vida no es un simple pasatiempo o un deber, la vida es bella, sí que lo es.

domingo, 9 de marzo de 2008

Crítica a los fanfarrones; por una fanfarrona


“Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano” (Isaac Newton).

Espero no herir susceptibilidades de los fans de rambo

Puede que todo lo que escriba en ésta crítica sea la situación de muchos, puede que algunos piensen que soy una persona inteligente y ágil, o en su defecto, una atorrante. Lo cierto es que más del 80% de los seres humanos somos unos FANFARRONES o tendemos a serlo (entiéndase fanfarrón por: persona que se precia o hace alarde de lo que no es). Aquellos que alardeamos de conocer mucho cuando en realidad conocemos muy poco.

Es una actitud muy normal de los seres humanos, querer sobresalir o deslumbrar. Pero uno tiene que hacerlo con lo que puede y sabe, y no con lo que no sabe o lo que no es. El que ignora no es peor del cual cree saber, empero que la ignorancia es propia del ser humano; un mal congénito de todos los hombres que nos limita e incapacita. La ignorancia del hombre aumenta con el correr de los años y con la masificación de las ciencias, mientras más se descubre, más el hombre se aleja del conocimiento absoluto.

Entonces, ¿quién puede decir: “yo sé todo sobre ese tema”?. Ciertamente los profesionales en determinada área, pero en otras áreas es muy probable que no.

Aquellos que nos burlamos de esas personas “fofas” que carecen de conocimientos más allá de los básicos, lo único que hacemos es burlarnos de nosotros mismos. Porque en pleno siglo 20, el siglo de la tecnología, la época digital; donde las ramificaciones de las ciencias son sumamente extensas, no podemos darnos el lujo de decir que tenemos vastos conocimientos. ¡eso es una mentira! Todo lo que tenemos son conocimientos básicos y muy limitados; sólo apreciamos el espejo y no vemos más allá de él. ¡Qué insensatos nos hemos vuelto! Y que ilusos al creer que lo efímero es permanente.

Recuerdo perfectamente, (porque fue hace muy poco en mi época de colegio) la crueldad de las niñas, cuando molestábamos a otras sólo porque no tenían los mismos conocimientos que nosotras en algunas materias. Solíamos llamarles “fofas” a pesar de que el verdadero significado de la palabra es “blando y de poca resistencia”; pero lo aplicábamos para “ablandar” el “boba”. Sé que ése es un trato inmaduro, digno de unas chiquillas, pero conforme el hombre va creciendo, muchos se vuelven más fríos, ambiciosos, per juiciosos y FANFARRONES. “Inmaduro” ya no es más, un término aplicable únicamente a los niños o adolescentes.

Hace unos días estaba discutiendo con un amigo que el precio de un gran conocimiento es la arrogancia (entiéndase arrogancia por: “altanería y soberbia”), con él concluimos que en efecto es así, pero depende de cada cual, como uno lidie con esa responsabilidad. Ahora, la arrogancia es muy distinta a la fanfarronería y la única semejanza que guardan es la de ser un defecto humano.

Entonces; ¿somos arrogantes o somos fanfarrones? El hombre es el único que decide sobre su vida, pero las opciones pueden venir disfrazadas. Todo depende de nuestra capacidad de discernir y hacer una buena elección, porque correcta sería mucho pedir.

Buscar el conocimiento es la tarea más ardua del hombre, la que más tiempo requiere. Un sabio conocedor no fanfarronea pero si puede caer en la arrogancia, ironía o sarcasmo. Hablemos por ejemplo de Voltaire líder francés, intelectual de la ilustración, creador de obras como: “cartas filosóficas o cartas inglesas” donde criticaba el régimen francés o su novela: “Cándido” que satirizaba la obra del filósofo alemán Leibniz. Voltaire fue un gran filósofo que usaba la ironía y el sarcasmo en contra de sus enemigos.

Sin embargo esa no es la exacta clase de arrogancia a la que nos referimos, sino una arrogancia sin sentido que pretende minimizar el conocimiento de las demás personas, irrespetando su espacio intelectual.

Quizás la única forma de combatir éstos defectos es ser humildes, ¡Cuidado¡ esto no quiere decir que debamos detenernos en la búsqueda del conocimiento , porque el hombre que se resguarda tras el muro de la ignorancia, aquel ¡no es hombre¡ sino un repudiable gusano, vago y perezoso, una lacra social. Comencemos a ver más allá de lo que ésta frente a nosotros, indagar en el mundo de las ideas, penetrar el umbral los misterios del mundo, ser parte de él, no sólo física sino intelectualmente. Dejemos de limitar nuestros pensamientos, no decepcionemos a nuestra razón.

¡DEJEMOS DE SER FANFARRONES!